El daltonismo de mis manos
calló en descaro
miró el brillo lunar
como si fuera a dibujar.
La hermosura de las
cariadas muelas del desierto
regocijaban con su dolor
la estela que serpenteaba
a la Luna en desvelo.
La sangre fluía como lágrimas
en pleno
frío desierto;
la muchedumbre celestial
iluminaba el
infierno terrenal.
Aquella noche diurna
moría la vida
y resucitaba la noche,
el carbón blanco dejó de titilar.
Cincuenta mil cabezas
de estampida aplastaron
mi diafragma;
se perforaron los pulmones
y en un hemorroiso
muerto
agonizante
dejó de ser la florida estampa.
Cat Camus.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario